este blog defiende la unidad de España y a su cultura

COCA-COLONIZACIÓN DE LA LITERATURA. MONCLOA. MALDITO HEMINGWAY! Y LOS DERRUMBADEROS DEL CLÍNICO: (cuento vagabundo para pasear y pensar en la reconciliación)
Antonio Parra
El asma de primavera y los fastidios de mi valetudinaria carrocería me han llevado camino del Clínico. Mucha carne enferma en el autobús panzas dolientes y respiraciones artificiosas que suenan como un sonajero. Voy a que me pongan un parche. Andares lentos, las acacias en flor, el polvillo de la alergia pero, encandecidas las retamas que escoltan a Madrid en un cinturón de escobas, gualdos copetes olorosos que exhalan un perfume candente de la papilionácea agreste, saludan al autobús desde las caceras en esa impavidez maravillosa que observa la madre naturaleza ante los azares y agobios humanos. Algo valetudinario sí que estoy de tanto darle al fumeque. Empecé con los celtas cortos y el vino a las comidas que siempre acaban en el veguero de las bodas y los muchos soles y sombras de las tardes cansinas cuando parecen que se vacía el cerebro y no importa nada ni siquiera la certidumbre de que hay que morir. ¡Si esto es vida!
Suelo, por lo demás apañar catarros y depresiones en el día de mi santo. La Haily, más perversa que nunca y fontana seca manda a sus niños al colegio alemán (estas auxiliares la han cogido perra con Hitler) y mueve el culo por los pasillos que parece un archivo Kardex. Quam terribilis est locus iste. Si abriéramos esa caja de Pandora ¿qué podríamos encontrar? Es un trasero de Jaén, aceitunero altivo. Se hizo grande y hermoso haciendo oposiciones. Memorizó los temas con un hilván y pasó con un cinquillo raspón, después de subir la falda para enseñar el muslamen al miembro del tribunal, un pobre vejete con patilla que le guiñaba un ojo y ya ni se le empina pero de ilusión también se vive, y la gente hace lo imposible hasta prostituirse para sacar la plaza. Brr.. El pandeo de su caderamen - que la aguante su marido- tiene un rumbo lúgubre mientras la Hailigebrulle se contonea por el pasillo y nos mete a todos en vereda. El tercer grado es poco acostumbrada a la voz de mando. Yo soy la jefa. Pasa?
Va a hablar por teléfono, intriga y cotillea pues lo suyo es no dar puntada sin hilo. Pasa sin darme los buenos días pero me mira de arriba abajo. Fisga la pantalla de mi ordenador y anda diciendo a los compañeros mil pestes de mí. Ella es mi verduga. Qué les parece?
-Que echen a los laborales.
MONCLOA MON AMOUR
Media España va a quedar cesante. Pero eso es lo de menos. Lo de más, lo que me empavorece, es ver lo poco que se quiere la gente. Nuestra conllevancia, un sufrimiento, y, si quiebra la convivencia, acabaremos de nuevo a palos. La Haily es de las que va con una navaja escondida en la liga. Se jacta de su amor por la serpiente y carece de moral. A mí me recuerda un poco a la culebra nazi, esa que descabezaron los rusos a costa de treinta millones de muertos. Sus ojillos son pequeños y taladrantes aunque algo miopes. La mirada del odio se columpia entre sus gafas y me tiene muy vigilado. Profesa una violencia fría y metódica. El mobbing es una estrategia que se aprende preparando oposiciones. Mala hembra. El pescuezo que tiene esta toronja es un prodigio de flexibilidad. Con lo que no hará falta decir más,
España es un país de autistas y de cadáveres ambulantes. Derrotado y vencido. El solio de los siete pecados capitales. La codicia nos llevará a la ira del mismo modo que todo el vicio acaba en fornicio. La parienta, la pobre, bastante tiene con lo suyo. No puede ser paño en el que enjugue mis lágrimas. Está crispada como crispados y a punto de saltar estamos todos. Debe de ser la calor.
-Joder, si roncas. Si no me dejas dormir. Tienes pito.
-Debe de ser por la bronquitis crónica que me detectaron en el 82. Mujer, yo no tengo la culpa de que mi huelgo se parece al gruñido de una serpiente cascabel.
-Tanto darle a la cigarra y ahora mira.
Encontrar compasión y tolerancia entre nosotros es como buscar a un justo de Israel. Uno vive la férula de dominas dominantes y mandonas. En casa, en la oficina y del vecindario no quiero ni hablar, ni del culo de mi vecina del quinto que parece otro archivo Kardéx. Vaya unos portazos que pega la buena señora cuando me ve Qué les ocurre a las mujeres conmigo? Les dieron azogue? Estas culonas y no es de ahora sino de toda la vida parece que me persiguen; son mi maldición. Tengo fijación con estos bullarengues rotundos. Hay donde agarrar. Ponlas mirando todas pa Toledo. Estamos en el año del perro
-Será la tuya. Porque las demás están todas muy buenas, cariño. Por la calle se ve pasar cada torda meneando el dinguidón.
ASOMADO A LOS JARDINES
Por esta zona de Moncloa en la que Madrid se asoma a sus jardines y era ameno pénsil donde nuestras antiguas novias que hoy serán abuelas se dejaban hacer manitas como quien no quiere la cosa suben los cuerpos que un día fueron gloriosos hoy artríticos y rencos a que las eminencias en bata blanca les pongan un parche, sondeen sus cañerías o les miren por ojo flogístico se percibe una España cansada, gemebunda. Indiferente a su propia suerte. Que va por la vida con galbana pastueña sin proferir queja.
Sólo se vive una vez y los hombres no son automóviles a los que se le pueda recauchutar aunque dicen que la cirugía hace milagros.Recambios? En biología no hay. Cuando se gastan las piezas, vete pensando en comprar pijama de madera. Los pulmones uy los pulmones. Demasiados celtas cortos en mi carrera y luego la pipa sin la cual no puedo vivir, ni sin la circunspección y el desapego interesante que engendran sus volutas en torno a mí cabeza.
La cazuela de mi cachimba es mi punto de fuga. Odio a Graham Green porque odiaba a los fumadores en pipa. Y no sólo por eso sino porque este inglés de novelística sin enjundia es junto con Ernesto Hemingway, del que todo el mundo se hace lenguas ahora y paga homenajes, uno de los responsables de la cocanacionalización de la literatura. Cultura light. Novelas light. Yo prefiero a Chesterton, un escritor inglés con bastante fundamento, que cultivó la paradoja y fumaba en pipa. Se acabaron los orífices del idioma. Nadie da un duro por una idea magna, por una frase feliz, no se admiten encajes de bolillos. No te pagan por tu esmero. Si te estrujas la cabeza para sacar algo interesante a plazo, la gente irá diciendo por ahí mira ese gilipollas. Nunca te resignaste a ser del montón. Ese es tu problema. Tampoco abunda la sensibilidad estética. En estos últimos años con tanta política nos embrutecimos cantidad.
El alma y la vida humana no son algo geométrico como la superposición de una pirámide silogística. El mundo es curvo igual que el humo que sube al techo cuando nos echamos un cigarro. Nos lo quieren hacer linear y straight.
De la próstata y de lo de abajo estoy como un cañón aunque, claro está, el reloj marca sus horas y ha pasado el tiempo de aquellos ardores de verano que te hacían buscar cariños de alquiler por los desmontes del Cerro la Plata. En el cuartel donde estuve (que gesto tan patriótico, que me lo digan a mí!) se tenía por costumbre irse de picos el Día de Santiago para honrar seguramente al Caballo del Apóstol.
EL TURUTA
A esta costumbre un turuta borrachín y putañero que tenía en la batería mi padre la denominaba deshollinar el mosquetón. Pues eso. Es la mejor forma de andar con el chopo al hombro y que no nos salga el tiro por la culata. Para lo del gatillazo siempre fuimos bastante mirados los españoles.
Tempus fugit, cantan las pesas del péndulo de Foucauld y omnes caedunt. Última necat. Se me aparecen en mi soñarrera los epígrafes que subrayaban las clepsidras medievales y los relojes de sol a la puerta de los monasterios del Cister para recordar a los humanos de la vanidad de nuestro afán y que las horas todas hieren pero la última te va matando poco a poco. Todo se acaba pero recordemos cosas más gratas y edificantes.
-Oye. Pásame los apuntes.
-Quedamos en Rosales?
Se han apagado aquellas dulces voces de mujer que nos llamaban por teléfono. Dónde están? A los viejos soñadores, cerrada la puerta a cal y canto del ubi sunt y de las saudades algorítmicas, únicamente nos queda el consuelo de la literatura. No hago más que leer y quejarme. Eso sí; duermo como un leño aunque ya sueño poco. El médico dice que es el estrés. Me duele España y nunca me sentí tan solo. Por mucho que hable, me desgañite, enhebre y deshebre la pleita de mis pensamientos trenzados en una tupida prosa con bastantes arrequives y poliantea para dar y tomar, pero este conceptismo es intención, porque habitamos un mundo complicado donde las cosas no son sencillas o al menos tan sencillas como parecen, los ecos de mi discurso se pierden en el desierto. Es igual que hablases a las piedras. Tampoco quiere nadie llamar a las cosas por su nombre. Prefiere los rodeos del eufemismo. Me estaré volviendo autista?
A Madrid le falta un Hyde Park y aquella famosa Speakers corner o rincón de los oradores donde en los setenta yo vi a Demóstenes británicos y a chalanes de toda especie intentar arreglar el mundo subidos a una escalera. Allí la gente podía meterse con quienquiera y soltar las mayores paridas. Eso sí; no le podías faltar el respeto a la reina.
-Qué le duele?
EL ALMA TAMBIÉN DUELE
-Creo que el alma, doctor. Pero en casa no puedo quejarme. La parienta te grita como una Euménide y las hijas se lían a voces y te llaman borracho sólo porque vas al bar con algún amigo a tomarte un culín de sidra y huir del mundo, sus pompas y vanidades, porque no quieres armarla en la oficina y enfrentarte a la situación de que somos lichni cheloviek (personal sobrante) que dicen los nihilistas rusos. Nos quieren reciclar. En todas partes me da la sensación de que estamos de más. Si nos sonríen en el restorán es porque dejamos propinas de un euro o más. España parece un país sumido en una bronca incesante. Qué pinto yo en la vida?
Nuestra existencia cruje y se hace trizas bajo el síndrome de los Simpson. Derribada la autoritas del paterfamilias los padres de hoy somos una especie de peleles. Seguimos llevando la comida al nido pero los polluelos crecieron, criamos cuervos que nos sacan los ojos. El anticristo hace su agosto. Somos blanco de la hispanofobia general porque hemos amado a una patria y a un país al que tiene en su punto de mira de destrucción este fenómeno imparable que llaman globalización. Las cruces están derribadas y nuestros sueños por el suelo. Ha venido paco con la rebaja y se ha cargado la utopía. Mas, no he de callar por más que con el dedo silencio avises o amenaces miedo, etc. A mí la legión y que me den un libro de Quevedo. Siempre resulta consolador.
-Hay que ver cómo viene Vd hoy de pesimista.
Nunca me imaginé esta senectud convertida en carne de pesadilla. Pero para eso sólo hay un remedio: agua y ajo. O el pistoletazo de Larra.
Moncloa, encaramado mirabel, y aquellas terrazas con veladores y asientos de forjado donde cuchicheábamos a las amadas, casi siempre compañeras de clase, candor platónico e inocente, nuestros primeros versos bajo los cedros de aquel bosque que de pronto se hizo terraplén, guarda siempre para mí un encanto del locus amenus y del valle feliz. Pero también me embelesó su lado épico y triunfal. Crecen la parietaria y las lajas del piso sobre el paramento se encuentran desencajadas en el Arco de Triunfo. Sin embargo, arriba sigue la cuadriga con el automedonte con su lábaro hace brindis al sol invicto y romano, y entrando por Princesa encaramada igual que un día lo fueron nuestros sueños de scholar complutense. Debajo, algo lacio y desteñido por la lluvia el epígrafe que mandó esculpir don Sebastián Mariner, aquel gran catalán de la Tarraconense con su calva etrusca y su perfecta efigie de pater conscriptus: Armis hic victoribus mens jugiter victura monumentum hoc (a las armas victoriosas la mente que ganará el triunfo del futuro con el esfuerzo constante este monumento).
FRISOS
El latín siempre me puso a cien. Es una lengua para rezar y para embelesarse. La cuadriga con su legionario agitando la tralla contra los troncos de bronce que tiran del currus del friso que rota contra la luz del amanecer, así como las ménsulas triunfales e imposibles de las pechinas me recuerdan que algún día volverán las banderas victoriosas. No pasarán. Qué ironía!. Venían con tanto brío al paso cochinero que llegaron hasta la ribera del mar.
La fuerza entró por aquí. Ganamos. No hay tutía y sería idiota volver a repetir el embate. Estoy seguro de que de nuevo se alzará la razón contra la sinrazón con el lauro de la victoria. El auriga de ese decemiuguis que saluda a los recién llegados a Madrid arreando a los corceles de la historia transmite a la posterioridad toda la euforia y entusiasmo de los que le vieron llegar. Al cuerpo le entran ganas de marcha y dan deseos de adherirse a una manifestación o a un desfile. La cosa no tiene vuelta de hoja. Nos saluda a la romana como hacía Mariner en sus clases de paleontología y nos transmite como una fuerza olímpica. Pero también al legionario romano que luce su penacho al viento y enseña su clámide al personal se halla bajo control como todos nosotros y a lo mejor en el Ayuntamiento lo echaron el ojo para cambiarle de sitio o ser desmontado como sujeto paciente de la incuria triunfal y negación de todo el pasado.
Lábaros ya no se usan. Los viandantes, casi todos extranjeros, pasan charlando por el móvil. No entenderían si les parase y me pusiera a explicarles qué es lo que me está pasando por la imaginación y por qué mis dolores españoles. Hablan romance pero vienen de las antípodas y jamás entenderían lo que les quisiera decir. Andan con el mono de la globalización.
Subo por Isaac Peral, una calle tranquila y con mucho encanto. A un lado los pisos de los profesores. Allí vivía Mariner, un poco más allá Adrados y en el seis creo que Laín al que vine a hacer un reportaje una tarde de febrero. Seriedad de Teruel, no dijo ni media palabra durante toda la entrevista, vaya un tío más serio. Tenía una mirada poderosa y cansada y aspecto de boticario. Sólo permitió que le tirase un par de placas.
Ya? Es que tengo una reunión y no me puedo demorar
-Vale, don Pedro. Que usted siga bien.
VIUDAS
-Los catedráticos se han ido muriendo todos sabusté- me dice el guarda mientras toma café en el bar de enfrente- pero quedan las viudas habitando los edificios desportillados, arquitectura alemana que recuerda tiempos mejores. Enfrente, el viejo hospital militar, vacío. Una inmensa colonia gatuna se pasea por los quirófanos. Espectros. Sin embargo, el escudo imperial del aguila de Patmos en la que era entrada principal continúa saludándonos. Brilla con reflejos de plata por entre las fresnos ornamentales. La incuria y el abandono no acabaron con el esplendor de Patmos. El aguila mantiene las alas desplegadas. Un poco como en el NO-DO.
Este hospital donde a mí me operaron de apendicitis en el 65 hoy es un inmenso caserón deshabitado, cita de sombras dormidas, fichas clínicas e historiales por el suelo. Las persianas bajadas, en el patio central ya no quedan las ambulancias de antaño, hoy crece la parietaria y el cardenillo. Por una ventana abierta una fantasmal cortina se mece en la brisa y por la oquedad me parece escuchar el eco de la voz de Agustín Muñoz Grandes que murió en una cama de este lazareto castrense: Si duro es el invierno ruso más recia es mi patria. Arenga de Novgorod. La Wehrmacht se batía en retirada ante el avance ruso. Pero el carabanchelero tenía que echar su cuarto a espadas y venir a decir que para ganar una guerra hay que echarle muchos cojones. Y para perderla también.
Old soldiers never die. Sólo se desvanecen y sus almas adónde irán a parar? Impresiona el viejo escudo de plata campando sobre el dintel. No tremolan ya banderas en el balcón de la planta noble, el mástil viudo y sin cuidar. Lo mismo da. Mirad cómo relucen las alas del aguila imperial. Pero no lo digas muy alto, Antoñito, que no se entere el alcalde y a lo mejor viene el diablo a favor de las sombras y nos quita el escudo con alevosía y nocturnidad que aquí se están haciendo las cosas a la agachadiza, sin que se entere la gente, sin dar un cuarto al pregonero. Luce bien esta insignia sobre el muro de la pared del viejo hospital militar pero ya sabes es un símbolo facha. Cualquier día lo desmontan. Pena me da.
EN URGENCIAS
Entro en las urgencias del Clínico por mi propio pie. Nada más parecido a un mercado persa que este gran hospital en hora punta. La carne constreñida y macilenta se agolpa cerca de las salas de curas. A un chaval lo han metido un navajazo. Esa anciana de la cabellera blanca y macilenta cuerpo encogido se muere delante de mí. Las camas de los pacientes algunos con el gotero colgando y con la mascarilla de oxígeno tupe los accesos. Los médicos y celadores entre la indiferencia y la compasión se abren paso por las crujías. A pesar de todo, nadie se acostumbra a la muerte. Una enfermera me espeta la siguiente confesión:
-No es un plato de buen gusto ver cómo la espicha el personal. Me da mucho coraje cuando una enfermo se me va. Me siento inerme, impotente.
-Toma y yo pero pobre del que se muere.
Debe de ser por lo del juramento de Hipócrates. Viene a verme una doctora joven. Chica guapa que habla con melosa dulzura galaica. Buenas maneras de cama. Sus dedos al hacerme la palpación abdominal se hunden en mi piel cansada con tiento y suavidad. Duele ahí? Un poquejo. Y más abajo? Bah!
-Bueno. Vistáse. Le vamos a hacer una resonancia magnética. Tendrá que esperar.
Joder me han entrado unas ganas tremendas de echar un pito y hasta un habano me fumaría pero está prohibido. La espera hasta que me suben a Rayos se hace interminable. Una mora a la que acaban de anunciar una mala noticia se pone a chillar gritos desgarradores. Grita con toda la fuerza de sus pulmones y hasta las del útero. Es un poco el acojone. De camino vienen en su socorro otras plañideras tocada la cabeza con el almófar o griñón morisco todas parlando algarabía. Medio Marruecos se ha hecho presente. Las mujeres se golpean el pecho, los hombres la cabeza. La Niveladora no entiende de razas ni de creencias. A todos nos pasa por su rodillo y de eso saben bastante en el Clínico.
Un poco más allá a la salida de la UVI una cuadrilla de gitanos arma camorra pues no les dejan pasar a ver a un paciente grave. Son ciento y la madre. Se ha presentado en las dependencias toda la tribu.
Para entretener la espera y un poco porque me siento como Daniel en el foso y no me gustan los pensamientos lúgubres, Antoñito tira pa lante, busco refugio en la lectura. De casa me he traído un libro de R. J Sender. En las páginas de un texto de este novelista republicano que es un virtuoso de la prosa en romance y exhibe la garra de un humor aragonés, anarquista, casi brutal, pues me parece que fue de la FAI, me refugio. Pocos autores tan interesantes, tan medularmente españoles y que hayan sabido calar en el drama del exilio. Sus libros son asimismo una radiografía de los USA.
HEMINGWAY NO ES MÁS QUE UN BLUF
El escritor de Chalamera dice verdades de a kilo acerca del american way of lie y la dureza de condiciones de vida que tuvieron que arrostrar los emigrados. Pero a Sender no consiguieron desespañolizarlo. Este aragonés se mantuvo en sus trece. Se fue pero me parece que dentro se llevó a la Virgen del Pilar y su cachirulo. Sus libros tienen el garbo de jotas entonadas a lo zamarro: La Tesis de Nancy, El Conquistador Aguirre, Crónica del alba, Nocturno 14. Sobre todos ellos planea la torre mudéjar de la catedral de Teruel. Lo que dice de Hemingway al que descataloga como uno de los escritores más siniestros y pésimos del arte de la literatura en el s. XX es certero; le acusa de ser el responsable de californización del arte. sus libros de usar y tirar son un producto fungible, enlatado igual que la Coca-Cola. Hay que escribir mal como lo hacía él. Nada de lo del buen paño en el arca se vende. Cuanto peor mejor. Se paga la ramplonería y se da de lado a la genialidad. En esta época de zafiedad los cultivadores del feísmo y del tremendismo han ganado la partida en detrimento del arte de las bellas letras que han sido sustituidas por la propaganda y por la prensa de bulevar. A la cultura ya la llevan a enterrar unos dicen que andas y otros que en Barbate.
-No usen sinónimos, nada de floristerías. Las bicicletas son para el verano.
-De acuerdo, pero en cualquier caso siempre tendremos que pedalear.
Aquí sota, caballo, rey. Beban ustedes coca cola y hablen en inglés, no en el de Shakespeare si no en el Brooklyn, muy sucinto y mermado de posibilidades, tal que toda la lexicografía de los travoltillas que se han metido a escribidores caben en un diccionario de novecientas palabras.
Lo único bueno de las novelas de Hemingway es el título: Adiós a las armas, Por quién doblan las campanas, Fiesta, y Muerte en la tarde. Pero los fusiló de otros literatos. For whom the bell tolls es de Donne, por ejemplo. Pero tuvo la visión comercial de buscar un representante y un agente comercial. Sin embargo, sigo pensando que el Viejo y el Mar es un libro escrito para analfabetos y no puedo estar más de acuerdo con Sender en esto. Lo había conocido durante la guerra civil y dice de él, tanto cazador, tanta parafernalia de rifles y de pistolas, y resulta que era un caguica. Se pasó la guerra metido en la barra de Chicote rodeado de güisqui y de chicas de alterne. En suma, que se trata de un escritor con truco que tuvo la suerte de ser un buen relaciones públicas. Sender se jugó el tipo con la columna Mangada y estuvo en las avanzadillas que hicieron infiltraciones a los nacionales por la Granja y a los que Varela paró en Cabeza Grande. Hemingway narra estos hechos y los fundamenta para una de sus novelas. Se los contó el bueno de Ramón J. Sender. Hemingway no era más que pose. Barba entrecana, jersey de cuello de cisne, gafas negras en el 7 de las Ventas pero acostumbrado a ver los toros desde la barrera.
SEMBLANZA DEL CORRESPONSAL DE GUERRA
Creo el estereotipo del miles gloriossus que es corresponsal de guerra desde la habitación de un hotel pero al que la boca se le hace agua hablando del Klimanjaro etc. y luego fuese y no hubo nada. En nuestro plantel cultural hay muchos ala tristes y soldaditos de Salamina que le imitan y ganan pasta.
Su injerencia maligna intervino para mandar los genios al paro. Sender volvió a verlo en el exilio. Era camarero en México cuando tuvo que servirle al antiguo colega de la guerra de España varias rondas de tequilas. Don Ernesto pasaba muchos días borracho. Pero ahí le teneis. Él vino y los citaristas que citarizaban con sus citaras doradas- según describe el Apocalipsis- hubieron de enmudecer sus arpas y dedicarse otro oficio porque desde que llegó la literatura de masas y de imagen por él implantada resulta cada vez más difícil a los noveles encontrar editor. Ojo con él. No es más que un plagiario. Nos diverte Sender. En el fondo, un pobre hombre que se moría de envidia que se sentía confundido por los escritores de raza. Así se lo comunicó a Pío Baroja una vez que se entrevistó con él. Acabaría pegándose un tiro con un arma de cazar búfalos apretando el gatillo del rifle con dedo gordo del pie. Así vi yo suicidarse a muchos compañeros- aclara Sender- desesperados durante la guerra de Melilla.
Acaba el libro en un par de horas y así me abstraigo del ambiente hospitalario que me rodea. Se acerca un cura con los oleos pero yo vuelvo la cara a la pared. Quiero que la muerte sea sólo un asunto mío sin intermediarios. En esto se me pasa la disnea y me pongo mejor. Me han dado unas pastillas y me siento como un buque recién carenado dispuesto a la batalla. No queda más remedio que volver a la guerra. La médico me receta más tabletas y me recomienda que no fume. Me dan el alta y salgo de estampida hacia la parada del Circular. Sin embargo, noto cómo una flojera en las piernas. Las rodillas se me enfrían. Debe de ser herencia paterna. A mi padre se le congelaron en el Ebro los pies. Cuando me viene esa sensación siempre pronuncio una palabra mágica. Es mi abracadabra.
-Teruel
YO ESTUVE CON LOS BUENOS Y TÚ CON LOS DEL RABITO
Y al escuchar mi conjuro pues no cabe duda de que el nombre de esa ciudad tiene algo de hechizo y ver cómo me restregaba las rodillas un abuelete que se sentaba frente a mí en el autobús se me quedó mirando entre sorprendido y sonriente:
-Cómo que Teruel yo también anduve por aquel frente? Pasamos frío por un tubo.
-En qué bando?
-En los del rabito.
-Los malos?
-Pues claro.
-En Teruel no había buenos ni malos: todos erais iguales. Unos machotes. Señor, venga esos cinco.
Me fundí en un abrazo con el desconocido. Aquel hombre podía haber sido compañero de armas de Ramón J. Sender y haber disparado contra la trinchera de mi padre. Nos fuimos a tomar unas cañas y nos dieron las uvas visitando monumentos por el barrio húmedo de Argüelles. Ya han desaparecido muchas pero aun sobreviven al empentón globalita algunas tascas. Fue una tarde maravillosa. Cantamos Gandesa, la Internacional, Yo tenía un camarada y el Cara al sol. La gente al pasar se quedaba un poco sorprendida preguntándose si en Ciempozuelos habían soltado al personal, pero en nuestro abrazo creo que se fundieron reconciliadas las dos Españas. Fue también una manera de celebrar nuestra alta en el San Carlos. Parecíamos dos sorches con paso de pernocta a los que acaban de dar suelta ardiendo en deseos por apurar la última copa. Y no nos fuimos de niñas porque no lo quiso dios aunque faltó poco. Y que es como solían acabar sus juergas los españoles.
16 de junio de 2005